
Cómo renunciar a tu trabajo de manera adecuada y sin complicaciones
La llamada “Gran Renuncia”, un fenómeno muy presente en Estados Unidos, ha llevado a muchas personas a reconsiderar su relación con el trabajo y el impacto que este tiene en sus vidas. La pandemia intensificó un sentimiento de insatisfacción que algunos decidieron resolver dejando sus empleos. Sin embargo, antes de tomar una decisión tan trascendental, es fundamental reflexionar, ya que puede tener consecuencias duraderas, desde la pérdida de derechos laborales hasta dificultades para encontrar un nuevo empleo.
Motivos para renunciar
Las razones para considerar una renuncia pueden ser diversas: desde el estrés por exceso de trabajo hasta una mala relación con el jefe o un cambio en las prioridades personales. “Tras la pandemia, se ha intensificado el deseo de mayor autonomía y flexibilidad horaria”, comenta Pedro César Martínez, director del máster en Recursos Humanos de Comillas ICADE. Si no se logra esa flexibilidad, la insatisfacción aumenta, especialmente según la edad, la situación familiar y las cargas económicas del trabajador.
Sin embargo, pensar en renunciar y hacerlo son dos cosas diferentes. Según estudios recientes de Adecco, aunque un 25 % de los empleados consideraría dejar su empleo, solo una minoría toma esta decisión, según Marcos Huergo, director general de la firma laboral LHH.
El contexto en España
En España, la situación es diferente respecto a Estados Unidos debido al sistema de protección social. Sin embargo, este “colchón” puede desaparecer si la renuncia no se gestiona adecuadamente. Entonces, ¿cómo debe ser una salida laboral bien ejecutada?
Lo ideal es avisar con suficiente antelación, permitir a la empresa encontrar un reemplazo y colaborar en la transición de responsabilidades. “Las salidas deben hacerse de manera profesional, dejando siempre la puerta abierta”, recomiendan desde LHH. Por lo general, se considera adecuado avisar con dos semanas de antelación, aunque para puestos clave puede ser necesario hacerlo con un mes de anticipación. Ir más allá podría no ser aconsejable.
La importancia de conservar derechos
Renunciar a un empleo implica riesgos significativos, especialmente la pérdida de derechos laborales. El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) establece que una renuncia voluntaria impide acceder a la prestación por desempleo. Solo es posible recibirla si el cese no fue voluntario. Existen algunas excepciones, como cambios sustanciales en las condiciones laborales, impagos reiterados, situaciones de acoso o ser víctima de violencia de género, explica Lola Justo, abogada de Legálitas.
Diferencias con Estados Unidos
En Estados Unidos, donde no existe un sistema de desempleo similar, la renuncia no implica tanto riesgo debido a la flexibilidad del mercado laboral. “El mercado laboral estadounidense se adapta mejor a los cambios económicos. En España, los trabajadores somos más conservadores y valoramos la estabilidad”, apunta Martínez.
Renunciar voluntariamente en España supone perder la indemnización por despido y el derecho a la prestación por desempleo. Esto hace que muchos trabajadores opten por pedir excedencias o reducir su jornada en lugar de abandonar su empleo por completo.
Cuidado con fraudes laborales
Algunos intentan negociar con sus empleadores para que la renuncia se considere un despido, lo que constituye un fraude. “Pactar el despido es ilegal y puede llevar a la pérdida del derecho al desempleo, así como a sanciones para ambas partes”, advierte Justo. Tampoco es aconsejable recurrir a la “renuncia silenciosa” o limitarse a cumplir con el mínimo indispensable en el trabajo, ya que podría afectar negativamente la reputación profesional.
En conclusión, una renuncia bien gestionada es aquella que se lleva a cabo con planificación, honestidad y profesionalismo, garantizando que se minimicen los riesgos y se mantengan las puertas abiertas para futuras oportunidades laborales.